La hotelería global sigue de cerca los impactos y las expectativas en torno a la Copa Mundial de la FIFA 2026, que comienza hoy (11) en Estados Unidos, México y Canadá. El torneo reunirá a 48 selecciones, 104 partidos, 16 ciudades sede y cerca de 6,5 millones de espectadores. Según un estudio de OpenEconomics, divulgado por la Organización Mundial del Comercio y la FIFA, el evento podría generar un impacto económico bruto global de US$ 80.100 millones, además de aportar US$ 40.900 millones al Producto Interno Bruto (PIB) mundial y crear aproximadamente 824.000 empleos de tiempo completo.
A pesar de las proyecciones positivas, la hotelería en las ciudades sede ya registra señales de una demanda inferior a la esperada. Una encuesta de la American Hotel & Lodging Association revela que cerca del 80% de los hoteleros de Boston, Filadelfia, San Francisco y Seattle reportan reservas por debajo de las expectativas. En Kansas City, el índice alcanza entre el 85% y el 90%. Parte del sector ya describe la situación como un “no evento”, expresión utilizada para reflejar la brecha entre las expectativas y la realidad.
Para João Giaccomassi, el comportamiento de la demanda internacional ayuda a explicar parte de este escenario.
LEA TAMBIÉN
“Todo el andamiaje estaba preparado. Sin embargo, la demanda no llegó al ritmo esperado. La encuesta de la AHLA indica que siete de cada diez hoteleros identifican las barreras de visado y las tensiones geopolíticas como factores centrales en la reducción de la demanda internacional”, afirmó el ejecutivo en entrevista con Hotelier News.
Giaccomassi agrega que la dispersión geográfica del torneo también influye en el comportamiento del mercado. Según él, el hecho de que la competencia se dispute en tres países y 16 ciudades encarece y complejiza la experiencia de viaje para los aficionados.
El ejecutivo considera además que la industria todavía necesita evolucionar en la gestión de ingresos durante grandes eventos. “La gestión de ingresos va mucho más allá de aumentar tarifas. El instinto frente a un gran evento es previsible: subir precios. El problema es que una inflación excesiva puede alejar al turismo convencional que existiría de todas formas, sin que el público del evento llegue para compensarlo”, explica. Según Giaccomassi, el enfoque de Total Revenue Management amplía la captura de valor al incluir el consumo en alimentos, bebidas y servicios complementarios.
El papel de la tecnología
Otro aspecto destacado por Giaccomassi es la tecnología como base operativa para los hoteles. Según el ejecutivo, los sistemas desconectados tienden a mostrar fragilidades en momentos de alta presión operativa.
“En períodos de estrés operacional, las debilidades de los sistemas quedan expuestas”, afirma. En este contexto, la integración entre PMS, puntos de venta, CRM y sistemas de reservas deja de ser un diferencial para convertirse en una necesidad.
La experiencia del huésped también ocupa un lugar central en la discusión. Para Giaccomassi, cuando la ocupación alcanza niveles máximos, la calidad del servicio suele ser uno de los primeros aspectos afectados. La tecnología, señala, no sustituye la atención humana, pero permite liberar a los equipos para enfocarse en tareas de mayor valor para el cliente.
Por último, el ejecutivo destaca la distribución como un elemento estratégico para el desempeño hotelero. “Cada canal tiene costos, márgenes y perfiles diferentes, y eso debe gestionarse de manera planificada. En períodos de alta demanda, quienes cuentan con una estrategia de distribución bien definida obtienen resultados muy superiores a quienes simplemente esperan que las plataformas hagan el trabajo”, concluye.
La evaluación final apunta a que la diferencia entre la demanda potencial y los ingresos efectivamente capturados depende menos de la magnitud del evento y más de la capacidad de gestión, integración tecnológica y estrategia comercial de cada hotel.
(*) Crédito de la foto: Divulgación.





